La historia hace a los hombres sabios; la poesía, ingeniosos; las matemáticas, sutiles; la filosofía natural, profundos; la moral, graves; la lógica y la retórica, hábiles para la lucha. (Francis Bacon)

El mercado es Triana y Triana es el mercado

En los bajos del mercado se encuentran los restos del Castillo de San Jorge, sede del antiguo tribunal inquisitorial. Este castillo fue sede de la Inquisición desde 1481, si bien su construcción inicial es de época árabe, data de 1171. Afectado por el continuo abandono y sucesivas crecidas del Guadalquivir, en 1823 se instaló en su solar el mercado, popularmente conocido como Plaza de Abastos.

El Mercado de Triana se ubica en el corazón del barrio, junto al puente que lo une a Sevilla y en punto de confluencia de las calles más típicas del barrio (San Jacinto, Betis y Castilla).

Las primeras escrituras oficiales datan de 1823, pero desde antes vendedores ambulantes y agricultores comercializaban sus productos en este solar ubicado en una zona estratégica para los cultivos del Aljarafe, los barcos que descargaban en el muelle y para quienes accedían desde la antigua Ruta de la Plata.

Con motivo de la Exposición Universal de Sevilla de 1992 se llevaron a cabo una serie de obras de remodelación y modernización del espacio, razón por la cual hubo de ser trasladado de modo provisional a la calle Pagés del Corro, donde permaneció hasta el año 2001, fecha de su reinauguración. En el transcurso de las obras salieron a la luz los restos del antiguo castillo de San Jorge, algo esperado, pero además también aparecieron los restos de un desconocido cementerio almohade.

De planta rectangular y con uno de sus lados mayores frente al río, el mercado tiene tres accesos principales, la entrada junto al puente de Triana, la que se ubica en el frente opuesto al encuentro de las calles Callao y Castilla, junto al arco del callejón de la Inquisición y, por último, el acceso desde la Calle San Jorge, coronada por un rótulo antiguo que firma PLAZA DE ABASTOS.

En el interior de la plaza se distribuyen los puestos en calles paralelas y perpendiculares, formando una retícula ortogonal; con 5 largas calles atravesadas por una central y otra al final, junto al alto muro del viejo castillo. Sobre cada comercio aparece en cada caso su correspondiente numeración y el nombre pintado a mano sobre paneles cerámicos como manda la gran tradición alfarera de este barrio.

Pasear por el entramado de pasillos es toda una experiencia sensitiva, no sólo por la explosión visual y olfativa, sino también sonora, por las conversaciones que surgen entre paceros y vecinos, un ambiente auténtico que no ha perdido su esencia en todos estos años.

En todo este tiempo los negocios se han ido adaptando al entorno y los estilos de vida del momento.

Seguimos disfrutando de una rica y variada oferta en frutas, verduras, carnes, chacinas, encurtidos, especias, pescados, mariscos…

Pero también encontramos productos naturales de fabricación artesana como panadería, repostería, cervecería, zumería, precocinados, comida para llevar, etc.

Sin olvidarnos de la amplia oferta de ocio y cultura en los más de diez puestos dedicados a la restauración, desde comida tradicional andaluza, hasta comida vegetariana e internacional, pasando por una ostrería. Entre los proyectos más innovadores encontramos un antiguo teatro, una escuela de cocina y próximamente una ludoteca.

En definitiva, un mercado vivo que se renueva por dentro y por fuera para el disfrute de trianeros, sevillanos y cualquiera que sepa valorar lo auténtico y tradicional sin renunciar a la calidad.